Material para Geografía de España de Bachillerato y ESO.
El Mapa de Riesgo de Desertificación de España muestra las zonas del país con mayor vulnerabilidad a la degradación del suelo y la pérdida de fertilidad. Se basa en criterios como la erosión, los incendios forestales, la sobreexplotación de acuíferos y la aridez, asignando niveles de riesgo muy alto, alto, medio o bajo.
Desertificación: proceso de degradación del suelo de zonas áridas, semiáridas y subhúmedas por el que pierde su fertilidad debido a la destrucción de la cobertura vegetal y la erosión, hasta convertirse progresivamente en un desierto. Puede estar relacionada con factores naturales o antrópicos, como la deforestación o malas prácticas agrarias.
El mapa cromático muestra el riesgo de desertificación en España.
En España, las zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas suponen cerca del 75% del territorio. Las zonas húmedas y subhúmedas húmedas representan el otros 25% restante y en ellas no se contempla el riesgo de desertificación.
En las zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, el riesgo de desertificación se evalúa teniendo en cuenta cuatro criterios: las pérdidas de suelo por erosión (t/ha/año), el porcentaje de superficie afectada por incendios forestales durante 10 años, la sobreexplotación de los acuíferos y la aridez. A cada uno de los factores se le asignan valores numéricos, dando mayor peso a la erosión; y la suma de cada uno sirve para encuadrar el territorio en valores de riesgo de desertificación muy alto, alto, medio o bajo.
La erosión es el desgaste del suelo y se debe a causas naturales y humanas. Las causas naturales son las acusadas pendientes; el carácter torrencial de las precipitaciones; los vientos fuertes; la aridez y las sequías periódicas que provocan una escasa cubierta vegetal protectora; la acción de los ríos y de las láminas de agua, y los rasgos de muchos suelos (delgados, arenosos, pedregosos). Las causas humanas que intensifican la erosión son la deforestación por talas e incendios, que impide la sujeción del suelo por las raíces de las plantas y lo desprotege del impacto directo de las precipitaciones; y algunas prácticas agrarias, como el cultivo en la dirección de la pendiente, el insuficiente descanso del suelo, el excesivo pastoreo en pastos pobres, el abuso de sustancias químicas o el uso de maquinaria pesada; y el abandono de los cuidados tradicionales por la emigración rural.
Los incendios forestales se producen en algunos casos por causas naturales (rayo). Pero la mayoría de las veces (78%) son provocados por accidentes o negligencia (excursionistas) o de forma intencionada por pirómanos o personas que desean beneficios para sí (tierras o regeneración de pastos, cambio en los usos del suelo), o perjudicar a otros (venganzas). Los incendios se han visto favorecidos también por la densificación del sotobosque debida al abandono de las tareas tradicionales de limpieza y por las repoblaciones con especies que arden con facilidad, como el pino y el eucalipto.
La sobreexplotación de los acuíferos se debe al aumento del consumo de agua subterránea para usos agrarios, urbanos e industriales, que hace que la extracción de agua supere a la que se recarga de forma natural, con el consiguiente riesgo de desecación o de salinización por concentración de sales o intrusión marina.
La aridez y la sequía son fenómenos naturales que se deben a la posición en latitud del territorio español. Una buena parte de este se encuentra en el dominio climático mediterráneo, situado en posición meridional respecto a la circulación general del oeste, que favorece la presencia prolongada de anticiclones en buena parte del territorio. No obstante, la sequía se ve potenciada por causas antrópicas, como la gestión poco eficaz de los recursos hídricos en algunas ocasiones.
Como se aprecia en el mapa, el área más afectada por la desertización es el área mediterránea, especialmente la del SE, donde se dan condiciones particulares que la favorecen: relieve desigual con laderas escarpadas, clima semiárido con gran variabilidad de las precipitaciones, sequías estacionales y tormentas súbitas de gran intensidad; suelos pobres con tendencia a la erosión y a la formación de cortezas superficiales; ocasional sobreexplotación de los acuíferos; y crisis de la agricultura tradicional, con abandono de tierras y de antiguas labores de conservación del suelo y del agua.
Las consecuencias de la desertificación son un aumento del riesgo de inundación y de deslizamiento del terreno, la disminución de la flora y de la fauna del suelo, la pérdida de fertilidad agraria y la pérdida del valor estético y económico del paisaje.
Frente a este problema, España cuenta con estaciones de seguimiento de la erosión y la desertificación. Las actuaciones de prevención y control incluyen planes frente a la sequía; la restauración hidrológico-forestal (corrección de cauces y reforestación); la gestión sostenible de las actividades agrarias (cultivo en las pendientes siguiendo las curvas de nivel, extensión del barbecho, ordenación del pastoreo; explotación racional de acuíferos); prácticas de conservación del suelo, y rehabilitación de las áreas donde se ha iniciado la desertificación. Estas actuaciones se llevan a cabo en el marco del Programa de Acción Nacional contra la Desertificación.
Fuente: Pruebas de acceso a la universidad. Geografía. Anaya 2016.
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