¿Por qué aprender Geografía?

¿Por qué aprendemos Geografía?, le pregunto a mis alumnos. Por cultura general, contestan ellos. ¡Qué horrible conclusión!, pienso ¿aprendemos Geografía humana, física, política,… solo por ganar cultura general? ¿Y qué hacemos con esa cultural general?, pregunto. Ir a concursos de televisión, contestan. ¡Fantástico!, ¿o a ser youtubers?, insisto. No, para eso no.

Si esa misma pregunta la hubiera hecho sobre las Matemáticas, ¿hubieran contestado lo mismo, por cultura general, o le hubieran dado un toque más práctico, algo así como “lo necesitamos para saber cuánto hay que pagar si una camiseta que vale 16 euros está rebajada al 40%”? Cierto es que aprender Matemáticas para aplicar lo aprendido únicamente al cálculo de un descuento no le hace justicia a un saber tan importante. Pero cierto es también que consuela más que la respuesta de “por cultura general”.

En contra de lo que mis alumnos piensan, en APPangea sabemos que la Geografía es una disciplina útil. Sin duda tanto como cualquier otra disciplina. Es obligatoria en cualquier sistema educativo, y se considera un saber imprescindible en una educación básica ya que nos ayuda, entre otras muchas cosas, a tomar decisiones mejor fundamentadas, evitando que estas estén condicionadas por el miedo y la necedad. Profundicemos un poco.

La metáfora que uso, y me funciona, para explicar la relación entre la toma de decisiones y la Geografía es la que voy a narrar a continuación.  Les propongo que se imaginen que están en una casa. Una casa muy grande, de cuatro plantas: sótano, primera planta, segunda y buhardilla. Las dos primeras plantas tienen entre las dos más de ciento sesenta habitaciones. Junto con las del sótano y la buhardilla podrán sumar casi doscientas. Las habitaciones son de muchos tipos: unas grandes, otras pequeñas, unas con forma regular y otras irregulares. En la que están ellos son habitaciones cuadradas. Sin ventanas, con moqueta, paredes con papel pintado de barquitos veleros, una cama, un diván y una mesita; toda está muy bien decorada, es cómoda y acogedora. ¿Os lo imagináis?, pregunto.  Sí, dicen. Pues bien, en el momento en el que estáis más tranquilos en la cama viendo una serie de Netflix suena una alarma. Fuerte, estridente. Debe estar en el pasillo porque el techo de la habitación se ilumina de una luz anaranjada que pasa a través del cristal translúcido que hay encima de la puerta. Mientras miráis atónitos los reflejos oís una voz descontrolada, casi un grito, que viene de algún lugar de la casa: ¡Fuego, fuego! ¡Salid! ¡Hay que salir de la casa rápido!,¡por las escaleras! …

Llegados a este punto es cuando les pregunto qué harían a continuación. La respuesta más común, obvia para ellos, es que saldrían de la habitación y luego intentarían conseguir salir de la casa por la escalera. La aseveran como si estuviera preguntando una estupidez. Yo aplaudo esa decisión. ¡Claro que sí!, exclamo. Se ponen contentos, ¡han acertado! Pero, pasados unos segundos les tengo que decepcionar diciendo que esa decisión que han tomado no es la mejor, no es que sea mala, pero no está bien fundamentada, por una razón, les digo, os faltan cosas por saber de esa casa y eso condiciona, y mucho, la decisión tomada.

Se produce un poco de revuelo. Entonces hay fuego y …¿nos quedamos allí? Yo saldría…¿Usted qué haría, profe?, preguntan. En este momento es cuando me veo obligado a contarles lo siguiente. ¡Cómo son los jóvenes! Seguro que un adulto ya sabe lo que les iba a explicar a continuación.

No sabéis en qué planta estáis; no sabéis cómo se sale de la casa, ¿a dónde lleva la puerta? ¿a un pasillo?, ¿a otra habitación?, ¿a un pozo sin fondo? Vuestra imaginación os ha llevado a pensar que al abrir la puerta salís al pasillo, seguro, pero igual no es así. Hay una habitación que está ubicada en el centro de la gran piscina que tiene la casa ¿igual vuestra habitación está allí? Tampoco sabéis los materiales de los que está hecha la casa ni el resto de habitaciones. Conociéndola, esa información os permitiría decidir mejor la rapidez con la que se propagará el fuego. Ahora os digo que hay habitaciones que están hecha de piedra y otras de metal, alguna está forrada de coltán, no sé por qué, y muchas, sobre todo de la buhardilla, están protegidas con material ignífugo; igual el fuego se ha producido dentro de alguna de esas habitaciones, ¿verdad? Profe, ¡pero todo eso no lo has dicho antes!, exclaman. Ni vosotros lo habéis preguntado, contesto. Tampoco se sabe si en algún sitio cercano hay un grifo con una manguera que permita apagar las llamas rápidamente sin abandonar la casa. No son pocas las habitaciones situadas en la primera planta que no tienen ni grifo ni manguera, varias de la segunda planta tienen manguera aunque no grifo, y las de la buhardilla tienen todas grifo y manguera. Quizás, antes de dejar la casa y vuestra habitación a su suerte, podríais ver si es fácil sofocar el fuego, ¿no?

Aquí yo ya estoy envalentonado, y continúo de un tirón diciendo: todo eso que no sabéis es respecto a la parte física de la casa, a sus materiales y recursos con los que cuentan. Hablemos ahora de la parte humana ¿Quién habita las habitaciones? ¿Quiénes son el resto de huéspedes? ¿En todas las habitaciones vive solo una persona o viven más? Si en las habitaciones vive mucha gente, y todos han tomado la misma decisión de salir corriendo tras la señal de alarma ¿está la escalera preparada para desalojar mucha gente? Y, ¿cuántos viven, entonces, en cada habitación? El reparto es desigual. Hay habitaciones que son la mitad de la vuestra y viven veinte personas y otras que son tres veces mayores y viven dos. Y ¿qué edades tienen? Tampoco sabéis sus edades. Las habitaciones de la buhardilla no tienen tantas personas como las de la primera planta, pero son gente muy mayor. Al contrario de las de la primera planta, que son muchos, bastante jóvenes y con bastantes bebés recién nacidos. Antes de dejar la casa ¿no deberíais ayudar a desalojar a los huéspedes que lo necesiten? Y por último, tampoco sabéis qué tipo de gente es la que habita, no hablo de que sean buenos o malos, pero sí de las situaciones que los condicionan. Por ejemplo, en todas las plantas hay bomberos experimentados y, con poca ayuda que les prestéis, ¿no evitaríais abandonar la casa? O, ¿por qué no incidir en esta condición humana?, pregunto retóricamente ¿es posible que esta alarma de fuego sea ficticia, y sea simplemente una broma de otro huésped, digamos, graciosillo?  Si tenemos en cuenta todas estas incertidumbres, nos daremos cuenta de que es precipitado salir a buscar una salida, ¿verdad?

Obviamente, en este momento mis alumnos dudan y mucho de la decisión tomada, así como de que esta sea realmente la adecuada. Cuando les vuelvo a preguntar qué decisión tomarían, entonces, dado el caso, contestan: tenemos que saber más de la casa y de la gente que vive en ella. ¡Bien!

Llegados a este punto, viene la moraleja: Para tomar decisiones correctas cualquier información es valiosa para ayudar a discriminar entre las opciones posibles que se abren. No considerar esa información lleva consigo que afloren los miedos, las inseguridades y los bloqueos, lo que a su vez conlleva que nos guiemos por el prejuicio, la prenoción y los malos consejeros.

Sustituyamos la casa por nuestro planeta Tierra. ¿Podrían ser las habitaciones los países? Quizá sí. En ese caso, ¿no son los materiales de los que está hecha cada habitación los recursos de los que dispone cada país? ¿No es la manguera las infraestructuras y el grifo los recursos hídricos?  Que las habitaciones tengan ventanas o no ¿no podría representar eso las vías de comunicación con el exterior que tiene cada país: físicas o digitales? Por otro lado, insistiendo en que las habitaciones son los países, ¿podrían ser las personas que las habitan los ciudadanos de ese país? Sí. ¿Y qué sabemos de ellos? La densidad de población, la tasa de natalidad, la esperanza de vida, el índice de población activa… todo lo que se sepa vendrá de perlas para tomar decisiones, mejores decisiones.

En APPangea queremos ayudar a conocer mejor nuestro planeta, su Geografía física, política, humana. De momento, aprendemos jugando los límites políticos, la localización de ríos y de unidades de relieve continental y costero. Eso es un paso para conocer mejor el plano de nuestra casa, un paso para empezar a tomar mejores decisiones sobre nuestro futuro como individuos y como sociedad.

No obstante, en APPangea no nos olvidamos de todo lo demás que ofrece esta disciplina tan bonita que es la Geografía, y poco a poco iremos añadiendo contenidos más específicos. ¿Te apetece aprender Geografía jugando con APPangea?

3 comentarios sobre “¿Por qué aprender Geografía?

  1. En la respuesta ya detallada del por qué, se expresa la importancia del aprender esta disciplina.
    Va más allá del estudio físico del planeta. Nos permite analizar y reflexionar como relacionarnos con el espacio, por medio de la apropiación de los diferentes recursos con los que cuenta.
    El estudio promueve sentido de pertenencia, generando sociedades sustentables…”el hoy y el mañana”.

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